Anoche estaba delirando de placer en camino a casa, contenta sólo en contemplar el sabor de tu boca y la áspera de tus manos sobre mi piel. Hay un latido sosiego entre mis piernas murmurando una protesta lenta que dice, "estamos dulcemente hinchadas y rebosante es el zumo que llora de nuestro sexo con recuerdos de tus pulsaciones rítmicas.
Cada vez la tirantez del algodón rozando cuando caminamos es una delicia de dolor que solicita tu lengua." Estuve frente el espejo, encuera, acariciando los cuños de nuestra sed con cariño; la impresión de tu mano pintada de púrpura en mi muslo izquierdo; una ternura magullada en mi diafragma; dos marcas de mordeduras media luna impresas en mi espalda.
Todo esto y más, navegando el mar de mis deseos a las cinco de la mañana...
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